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Vacaciones que separan a la pareja: el cambio de rutinas como gran amenaza


Por más deseadas que sean, muchas veces las vacaciones nos complican la vida. Pensar en el lugar al que queremos ir es tan sólo el principio de una posible disputa, lo más complicado tiene que ver con la planificación previa y la solución a los inconvenientes que, en muchas ocasiones, son inevitables.

En este artículo vamos a tratar dos trampas en las que las parejas suelen caer, además de algunas ideas que podemos poner en práctica los terapeutas para ayudarles a salir de ellas.

TRAMPA NÚMERO 1. Debemos ponernos de acuerdo

A menudo pensamos que el problema de las parejas son las diferencias. "Es que somos muy diferentes", podríamos decirnos, "es que no encajamos", se podría argumentar. Cuando manejamos esas razones, cada miembro de la pareja tiende a luchar para "acercar posturas", de manera que el otro se convenza y esté de acuerdo con nuestra manera de hacer las cosas.

Así, si a mí me gusta la playa y a mi pareja la montaña, voy a hacer lo posible para convencerla a ella de que la playa es mejor; y en la medida en que no consiga mi propósito, me sentiré frustrado. Mi pareja, por otro lado, puede ver que insisto tanto con la playa que cada vez le cause más rechazo, y sea la propia insistencia ya (y no tanto la playa como tal) la que cause malestar.

Cuando nos forzamos a estar de acuerdo en todo como requisito para el bienestar, los problemas no tardan en aparecer: es una tarea bien difícil.

"Cuando intentáis poneros de acuerdo, ¿qué ocurre? ¿qué coste está teniendo?", "¿os sentís más unidos?", "si tuvierais que elegir entre poneros de acuerdo a costa de vuestra unión, o que no sea necesario llegar a un acuerdo para sentiros unidos, ¿qué elegiríais?": estas preguntas son útiles en consulta a la hora de poner distancia con el problema. La pareja, así, puede plantearse la toma de decisiones como algo que ambos deben abordar, como un equipo, de manera conjunta, y no tanto como una lucha de poder ante la que ambos pierden.

TRAMPA NÚMERO 2. No debe haber discusiones ni problemas

Podemos pensar que ir de vacaciones es acabar con los problemas. Es posible que suponga un escape a la presión del entorno durante un tiempo, pero una cosa está clara: no hay ninguna regla universal que te diga que en vacaciones no vayas a discutir con tu pareja, o que no vayáis a tener los mismos problemas de siempre.

Cuando os vais de vacaciones, os vais con todo: y si habéis tenido una época algo tensa sobre algunos asuntos, o un incremento en las discusiones, debéis hacer hueco a eso, porque en la medida en que creáis que van a desaparecer... posiblemente os exploten en la cara cuando menos lo necesitáis.

Como terapeutas, podemos hacerles conscientes justo de esto, de manera que no se culpen porque algunos asuntos puedan aparecer. En vez de "eliminar la amenaza", podemos pasar al modo de "mitigar daños": dedicar unos minutos para hablar sobre los problemas y discutir, de hecho, sobre ello, puede facilitar el tránsito por algunos momentos difíciles que pueden ser inevitables. En consulta, se puede trabajar para que discutan sobre el problema de manera similar a como lo harían en esos momentos, y así ensayen con nuestra ayuda algunas posibles estrategias para salir del enredo. Una vez lo hayan conseguido en consulta, podemos sugerirles que dediquen ciertos momentos al día, incluso en ese viaje que tenían programado, para sacar los asuntos difíciles y abordarlos. Esto generalmente tiene dos efectos: dotar de un espacio y un tiempo "preparado" para el oleaje, y prevenir que las olas salpiquen otros momentos que pueden estar ambos centrados en actividades que pueden disfrutar ya sin la carga de los asuntos pendientes.

Abordar este par de asuntos, o al menos ser conscientes de ello, puede hacer que la presión descienda unos cuantos niveles.

Recordemos que gran parte de los problemas que experimentamos las personas tienen que ver con anticiparnos a acontecimientos que aún no han acaecido, con "montarnos la película" reaccionando al perder el contacto con lo que realmente está ocurriendo, y también con intentar que todo sea como nosotros queremos que sea.

Darnos cuenta de que no necesitamos tanto para ser felices, junto a la persona con la que hemos elegido compartir grandes experiencias, es algo que merece mucho la pena experimentar... ¡por lo que desde nuestro equipo os deseamos unas felices y unidas vacaciones!

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