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Terapia Integral de Pareja: ¿Cómo disminuir la crítica en la pareja? El ejercicio de los huevos


- Una buena estrategia que fomenta la ruptura de estas formas de polarización consiste en un ejercicio al que hemos llamado “cuida de tu huevo” -

En Terapia de Pareja, nuestros clientes pueden caer fácilmente en poner la responsabilidad de la relación y de sus propias emociones en el otro.

Si él cambiase/ si ella no fuera así”, “es que yo ya lo he intentado/ yo estoy ya cansado de esperar”... es común este tipo de afirmaciones, que pueden desmotivarnos incluso a nosotros como terapeutas.

Esto no es raro: los adultos somos organismos verbalmente hábiles, y utilizamos esta increíble herramienta de producción creativa que tenemos entre las dos orejas para generar contenido que nos complica la existencia.

Entrar al trapo, discutir, buscar razonar con ellos o que ellos razonen entre sí es probable que cause más enredo: aunque solucionen su problema a corto plazo, a largo plazo no estarán sino entrenando más y más ese músculo de racionalización y explicación, que a la hora de la verdad en mitad de una discusión nos hará olvidarnos de aquello que importa: la unión, y no tanto llevar razón.

Una buena estrategia que fomenta la ruptura de estas formas de polarización consiste en un ejercicio experiencial al que hemos llamado “cuida de tu huevo”.

Para ello, la pareja debe haber mostrado motivación para trabajar y se recomienda que no existan asuntos realmente complicados (como infidelidades, acusaciones graves, amplio deterioro de las vidas de ambos, o formas extremadamente destructivas de polarización). También, se sugiere que previamente se haya realizado la fase de valoración y se haya tenido la sesión de devolución a la pareja: sin estos puntos, realmente no debería ponerse en práctica estrategias a la ligera.

Nosotros como terapeutas necesitamos llevar a consulta dos cucharas grandes, y media docena de huevos (de gallina, a ser posible).

El momento ideal de la sesión para aplicar la estrategia es cuando ambos estén enredados verbalmente; entonces, les cortaremos introduciendo la estrategia:

Perdonad que os interrumpa, pero os voy a pedir que me escuchéis, ¿de acuerdo? (estableciendo contacto ocular y con una actitud firme y a la vez amable, tono de voz calmado aunque debamos elevarlo al principio levemente para llamar la atención). Me gustaría pediros que hiciéramos algo: como sabéis, estamos aquí para entrenar en cosas diferentes a justo lo que está ocurriendo, sé que lo hacéis lo mejor que podéis, por eso quiero pediros que os levantéis; en este rato os habéis estado acusando mutuamente, fijando vuestra atención en aquello que el otro hace o dice, y no parece que os haya ido muy bien, ¿es así? De acuerdo, os voy a pedir que hagamos algo diferente: tomad, coged cada uno una cuchara, y venid. Quiero que os deis la mano que os queda libre, tengo entendido que queréis estar juntos… y que a veces experimentáis dificultades y diferencias (esto último lo dice mientras coloca en cada cuchara un huevo)... que amenazan con hacer estallar vuestra paz. Entonces, intentáis caminar mientras solucionáis el problema...os voy a pedir que andéis hasta el final del pasillo, intentando que no se os caigan los huevos, pero lo vais a hacer sin mirar a vuestro propio huevo y estando pendiente del huevo de vuestra pareja, dándole órdenes e indicaciones para que no se le caiga, ¿estáis listos? Adelante.

Esta es la primera parte del ejercicio: la idea es establecer una analogía entre su manera de polarizarse y tratar de impedir la caída de los huevos de esa manera: se les caiga o no, la pareja podrá ver que es realmente estresante e inestable andar así. El terapeuta debe preguntar aquí cómo se han sentido, en qué manera eso se parece a su problema en el día a día y preguntas similares, nunca debe decir a la pareja “cómo son las cosas”.

A continuación, la siguiente parte:

Bien, ahora que habéis tenido esta experiencia, os voy a pedir que hagáis lo mismo, pero de una manera un tanto diferente: esta vez vais a cogeros igualmente de la mano, pero cada uno estará pendiente de su propio huevo sin mirar al del otro y por supuesto sin decirle al otro absolutamente nada. Podréis estar pendientes del ritmo que lleváis al andar y modificar el vuestro si queréis, y mirar vuestro huevo para conseguir el fin común: andar juntos sin destrozaros los huevos. ¿Preparados? Adelante.”

Aquí, ambos podrán tener la experiencia de que es más fácil y cómodo, menos difícil, avanzar, aunque hubieran tentaciones de decirle al otro lo que debe hacer. El terapeuta puede incitar un poco actuando de “mente” de cada uno, diciéndoles cosas como “oye pero fíjate en el otro, venga, que lo va a hacer mal, vamos, ¿te vas a fiar?, la va a liar”, esto en función del rendimiento que muestren. De nuevo, se hacen las mismas preguntas: ¿qué tal os ha ido? ¿cómo sería hacer esto en vuestro día a día? Tras ello, se les invita a sentarse y hablar de cómo van a fijarse cada uno de ellos en sus propios huevos durante la semana, para traducirlo en acciones concretas y observables.

Cosas a evitar a la hora de poner en práctica este ejercicio:

  • Forzarlo. No vale introducirlo en cualquier momento, como se dijo antes el terapeuta debe utilizarlo como una estrategia incompatible con la polarización que esté teniendo lugar en consulta.

  • Seguir un guión. En el ejercicio del huevo lo de menos es el huevo: coged la idea que aquí se presenta y preguntaros si es mejor hacerla con otros materiales o adaptarla de cualquier otra forma a la pareja con la que trabajáis.

  • Utilizar un exceso de reglas de cumplimiento. Debéis conseguir que sean ellos quienes saquen conclusiones, y no debéis dárselas vosotros.

  • Seriedad. Es un ejercicio que suele resultar divertido, y que hace reír a las parejas: participad de ello y utilizadlo en provecho del buen desarrollo de la sesión.

Una vez que la pareja ha pasado por aquí, el terapeuta puede usar la clave “¿Qué huevo estáis mirando?” como estímulo discriminativo para comportamientos de unión y comunicación amable, que podrán ir generalizándose al día a día de la pareja.

Puedes aprender a poner en marcha estas estrategias gracias a la formación online en Terapia Integral de Pareja.

¿Quieres saber más? Puedes informarte en la siguiente imagen:

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