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Las emociones del terapeuta al servicio de la persona: nuestra propia historia como herramienta tera


"¿Qué ocurre si me desbordo en consulta?" es una pregunta que he recibido en más de una ocasión de parte de mis alumnos/as, y que yo mismo me he hecho en numerosas ocasiones -en diferentes momentos de mi vida- y que seguramente me seguiré haciendo.

Un terapeuta puede ser muy hábil validando emociones en las personas que tiene delante, y tener alguna que otra dificultad en hacer lo mismo con él/ella mismo/a: no resulta tan fácil aplicarse el bálsamo, sobre todo si tenemos una historia en la cual nos resulta muy reforzante cuidar a los demás -quizás incluso por encima de nosotros mismos.

Fruto de esta dificultad natural surge ese reparo a sentir emociones muy fuertes hacia la persona que tenemos delante, y el miedo a hacerlo mal, a dejarnos llevar o a perder la perspectiva.

Aquí, no puedo estar más de acuerdo con las palabras de una excelente compañera, quien me hablaba de la necesidad de que los terapeutas reciban formación continua, supervisión y psicoterapia.

Lejos del concepto psicoanalítico de supervisión como proceso de análisis obligatorio -aunque quizás no demasiado...-, el comportamiento de desbordarse en consulta tiene que ver con responder de una manera concreta -bajo control aversivo- ante ciertos estímulos discriminativos, contingencia que está entrenada históricamente, y que ahora se da en el presente ante la persona a la que se está atendiendo -generalmente por haberse producido una equivalencia funcional.

Al igual que los pacientes ponen en marcha operantes generalizadas ante estímulos funcionalmente equivalentes -nosotros y el contexto de consulta-, un terapeuta no está libre de la influencia de estos principios.

Aquí radica la importancia de conocer la propia historia, y conocer las maneras que tenemos de responder ante estímulos. Si en mi historia ha estado presente el maltrato, quizás tenga dificultades en responder calmadamente cuando un paciente se muestre agresivo. Si soy alguien realmente impaciente en múltiples áreas de mi vida, es posible que me sienta frustrado cuando vea que el paciente no avanza al ritmo que me gustaría. Y si tengo una tendencia al orden y al control, quizás me cueste dejar estar que mi paciente presente comportamientos vagos e inexactos aún cuando eso suponga un avance para él o ella.

¿Estamos entonces a merced de nuestra historia? Sí, absolutamente, teniendo en cuenta que el momento actual forma parte de ella. Si me tomo el tiempo necesario para conocer mi historia, ponerla en perspectiva, entrenarme en poner distancia con mis eventos internos y dirigir mi atención y energía hacia las cosas que realmente tienen sentido para mi, eso formará parte de mi historia e inevitablemente estaré sujeto a ello.

Por tanto, a la pregunta "¿qué ocurre si me desbordo en consulta?" suelo responder con "¿qué ocurre si te desbordas aquí y ahora?"

Esto generalmente crea un contexto que facilita que uno mismo/a como terapeuta pueda abrirse a sí mismo y tenerse sin miedo dando cabida en su experiencia todo aquello que pueda venir.

Y si hace esto, va a tener un impacto generalmente positivo en su capacidad de dar cabida a cualquier experiencia que pueda estar teniendo en consulta delante de una persona a la que ha decidido ayudar: será más probable que ahora pueda sentir que se desborda, y ponga incluso esa sensación al servicio de lo que más le importa en ese momento.

PD: ¡Gracias por leernos!

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