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Alta y seguimiento en Terapia Integral de Pareja


Una duda común cuando se trabaja con parejas -similar a cuando trabajamos en terapia individual- es cuándo terminar la terapia, y en esta entrada voy a tratar de responder a esta cuestión en base a una experiencia.

Alejandro y Elena forman una pareja que acudió a consulta hace varios meses, quejándose de frecuentes discusiones ante temas como la economía conjunta, las muestras de cariño, y acontecimientos dolorosos del pasado que aún parecen estar presentes.

En consulta, observando las maneras que tienen de relacionarse, Elena se mostraba muy activa y enjuiciadora, mientras que Alejandro se mostraba muy poco participativo y parco en palabras. Mientras ella parecía estar en un continuo estallido emocional, bien se podría decir que él se limitaba a recibir, aguantar y callar.

Sentando las bases en la Terapia Integral de Pareja, teniendo una sesión individual con cada uno de ellos para valorar y conocer sus historias, se fue trabajando sesión a sesión en que vinieran a consulta para discutir. De esta manera, delante de mi pude ver cómo se polarizaban y caían, al principio, una y otra vez en el estado de apatía y desilusión que conocemos como Trampa mutua.

En las primeras sesiones conjuntas, les pedía que eligieran un tema y hablasen sobre ello. Cuando estaban muy enredados, solía preguntarles cómo habían llegado ahí, y qué podrían hacer la siguiente vez, tras lo cual les volvía a pedir que hablasen sobre ese mismo tema.

Poco a poco, fueron discriminando las trampas en las que caían, como equipo, y aprendieron a generar reglas propias que les sirvieran a ellos... y empezaron a notarse los cambios.

Cuando una pareja empieza a relacionarse de manera diferente entre sí, es posible que podamos observar lo siguiente:

  • Se escuchan. Antes que empezar un diálogo interrumpido, una pareja que está avanzando se toma tiempo para escucharse mutuamente y empiezan a abandonar la prisa por solucionar rápido un problema.

  • Se expresan. Es algo normal cuando una pareja avanza en su problema que empiecen a comunicarse en términos propios, antes que acusando o enjuiciando. El "tú me haces" se cambia por el "yo me siento".

  • Se acercan. No hablo aquí metafóricamente: sus posturas corporales empiezan a cambiar, pasan más tiempo cerca, se tocan y se cogen de la mano, mantienen y sostienen la mirada el uno al otro, empiezan a haber sonrisas.

  • Se involucran en planes a largo plazo. Dan la señal económica para una casa en común, toman la decisión de mudarse juntos, nos comunican que están pensando en adoptar o en quedarse embarazos, nos hablan con ilusión de un proyecto empresarial conjunto.

  • Se duelen. A menudo, no es raro que cuando una pareja avanza expresen emociones y recuerdos realmente dolorosos, se duelan y estén unidos en ese dolor que han decidido compartir: lejos de ser algo indeseable, es una señal de avance.

  • Se asustan. Empiezan a preguntarse si los cambios que han conseguido en nuestra consulta se generalizarán en nuestra ausencia, y esta es una gran señal porque generalmente indica al terapeuta que debe poner a prueba la terapia.

En mi caso, en cuanto observé esto, compartí mi propio miedo como terapeuta de que las mejorías que se habían dado ciertamente no se mantuvieran en ausencia del trabajo terapéutico... y entonces decidimos entre los tres poner a prueba el tratamiento: para ello, necesariamente tendrían que estar un tiempo sin venir.

Se propuso que la siguiente sesión sería tras dos meses, siempre teniendo la posibilidad de volver a llamar antes para adelantar la cita. Se pidió, igualmente, que en esos dos meses mantuvieran el registro semanal de su bienestar como pareja, para poder comparar qué ocurre, de manera algo objetiva, en ausencia de la terapia.

Pudiera ocurrir que hubieran llamado antes y tuviera que tener alguna sesión de "refresco", tras lo cual se volvería a espaciar y poner a prueba; en ese caso, hubiera estado bien sugerir a la pareja algunas maneras de recordar la manera en que se comportan en terapia, para aumentar la probabilidad de que tengan esos mismos comportamientos en su día a día (lo que llamamos generalización).

En este caso, tras esos dos meses, la pareja regresó realmente unida: se le pidió que hablasen de un tema problemático que tuvieran en el presente, y su manera de discutir sobre ello distaba mucho de la que pude observar en las primeras sesiones.

Pude observar que ahora se escuchaban, se expresaba, no estaban de acuerdo y aún así estaban unidos, se acercaban, habían dado la señal para una casa, ella estaba embarazada, comentaban miedos y temores con dolor... y ya no tenían tanto miedo de dejar de venir a terapia conmigo.

Me pareció un momento ideal para recordar que la terapia tiene un fin, que viene determinado por la eficacia y la consecución de las metas y objetivos propuestos.

En este caso, y realmente emocionado al ser testigo de la fortaleza que tenía delante de mi, tan sólo le pedí una cosa más: que anotasen en un folio "Lo que nos funciona", haciendo referencia a la cantidad de cosas que como equipo hacen bien, y de las que pueden sentirse orgullosos aún cuando se estén enfrentando a momentos realmente difíciles.

Pidiéndoles permiso para contactarles de nuevo pasados mínimo seis meses, tuvimos una más que deseada despedida, eso sí, totalmente unificada.

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