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Everyone was a kung-fu fighting! - El Conflicto en Psicoterapia


Una situación terapéutica es una situación social, y esto implica que está sujeta a las mismas virtudes y problemáticas que cualquier otra.

De manera general, el paciente o consultante auto-asume su rol y, desde un modelo contextual, lo ampliamos para darle responsabilidad en el proceso; pero esto no siempre va como la seda: es posible que la persona a la que atendemos se niegue a asumir su parte de responsabilidad en el proceso.

El ejemplo de arriba es solo una fuente de posible conflicto, a continuación se enumeran algunas otras.

FUENTES DE CONFLICTO EN CONSULTA

  1. Honorarios. Un consultante puede no estar de acuerdo con nuestros honorarios; en algunos casos esto se traduce en regateo, y otros en impago.

  2. Objetivos. Es posible que una persona en depresión nos exija que le ayudemos a sentirse feliz, o que alguien en ansiedad nos diga que nos paga para que le enseñemos a controlar sus emociones.

  3. Atribución. La persona a la que atendemos puede tener sus ideas sobre el funcionamiento del mundo, lo cual incluye la terapia, y estas pueden ser difícilmente conciliables con las nuestras.

  4. Insatisfacción. Puede ocurrir que la persona no esté en absoluto satisfecha con el trabajo que estamos haciendo y no quiera volver a sesión, incluso nos acuse de no haber hecho bien nuestro trabajo.

  5. Daño. También pudiera ocurrir que nuestro paciente nos acuse directamente de haberle dañado, responsabilizándonos por el daño que él/ella u otra persona haya podido sufrir fuera de consulta de cualquier manera -ya sea emocional o físico.

Con esto no pretendemos asustar: consideramos que el 90% de las personas a las que atendemos son humanos amables y simpáticos cuya actitud facilita enormemente el desarrollo de la terapia.

Sin que el párrafo anterior deje de ser cierto, no podemos negar que existen personas cuyas historias son realmente incompatibles con las nuestras: es una realidad, y vamos a tener que enfrentarlo en consulta.

Para ello, aplicaremos estrategias que integran la escucha activa, la separación unificada y la solución de problemas, y la compasión.

SURFEANDO EL CONFLICTO

Escucha. Gran parte de la solución a un conflicto entre dos personas viene dada por el entendimiento del mismo. Debemos preguntarnos a nosotros mismos/as qué tiene que ocurrir para que detectemos una situación problemática en consulta, ¿qué tendríamos que observar? ¿cómo nos daríamos cuenta? Una vez que discriminamos la situación, viene la siguiente pregunta: ¿de qué trata el problema exactamente? ¿qué está necesitando o pidiendo la persona que tengo delante? Saber si estamos entendiendo necesita una mínima comprobación, por ello vamos a preguntar a la persona si está ocurriendo lo que nosotros creemos entender. En caso negativo, pedimos ayuda para entender; en caso positivo, podemos contribuir a la solución empezando por expresar nuestra propia insatisfacción ante lo que está ocurriendo: "Siento que esté ocurriendo esto, no me hace sentir realmente satisfecho".

Crea equipo. "Me gustaría que solucionásemos esto", es una buena frase para continuar una vez hemos entendido qué ocurre. No debemos darnos prisa, el silencio suele ser un buen aliado en estos momentos una vez hemos comunicado nuestra disposición a contribuir: a menudo es la otra persona quien propone una solución con la que nosotros podemos sentirnos cómodos/as. Podemos preguntar "realmente, ¿qué crees que yo puedo hacer para ayudarnos?" Es posible que la persona nos diga algo en concreto y, en caso de que sea costo y nosotros queramos participar en ello, podemos a su vez pedir ayuda, diciendo algo como "está bien, realmente quiero aportar esto, creo que puede ayudarnos, ¿podrías echarme una mano?" y aquí introducimos lo que consideremos (según el conflicto, puede ser reducir el tiempo de consulta, pidiendo más flexibilidad, solicitando rellenar algún instrumento...)

Sé compasivo/a. Es posible que, aún con nuestras mejores intenciones y habilidades, no haya manera de encontrar un mínimo punto en común: esto debe partir de los propios límites y preferencias que nosotros tengamos como personas, es legitimo que no estemos dispuestos a aportar según qué cosa aún cuando eso pudiera acabar con la disputa. En mi caso, sé que hay cosas en las que prefiero no contribuir, aceptando la posible consecuencia de no resolver un conflicto, y no hay problema en ello: no se supone que debamos resolver todos los conflictos, se nos permite tener problemas con personas, tenemos la habilidad de no resolver un conflicto y seguir viviendo dignamente. Siendo psicólogos/as, podemos ser muy duros con nosotros al vernos incapaces de contribuir a la solución, motivo por el cual considero realmente importante practicar auto-compasión, permitiéndonos ese día descansar algo más, quedar con un amigo/a para expresarnos y, sobre todo, no renunciando a planes placenteros que tuviéramos después.

Por lo demás, dejamos este vídeo totalmente convencidos de que te permitirá poner en perspectiva cualquier conflicto que hayas podido tener recientemente.

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