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La persona no quiere exponerse a la ansiedad, ¿qué hago?


Si hemos hecho los deberes, sabremos que la mejor forma de combatir la ansiedad es mediante estrategias que impliquen exposición a los conjuntos estimulares ansiógenos.

Y también, si tenemos experiencia clínica (y personal, en momentos en que hayamos podido ser presa de alguna problemática de ansiedad), sabremos que este es un claro ejemplo de algo fácil de decir y difícil de hacer.

En esta entrada, podrás tener algunas sugerencias para lidiar con un asunto común en psicoterapia aplicada a las problemáticas de ansiedad.

SU HISTORIA CON LA ANSIEDAD

Lo primero que debemos saber, como terapeutas, es que no debemos esperar que la persona se exponga a lo que teme solo porque nosotros le digamos que eso es lo mejor.

Aunque le expliquemos cómo funciona la ansiedad, y le expongamos en qué consiste la intervención, por mucho que le presentemos nuestros mejores argumentos racionales por los cuáles él o ella debería tirarse de cabeza a su ansiedad... estamos luchando contra toda una historia de aprendizaje. Parémonos aquí, porque es un asunto realmente importante.

Si una persona está sufriendo por repetir los mismos patrones ineficaces de afrontamiento de su ansiedad, significa que su historia ha propiciado que ocurra justo eso; y su historia está compuesta por miles de millones (bueno, igual me he pasado) de emparejamientos estimulares y de repeticiones respuesta-consecuencia, ¿qué nos hace pensar que, con una explicación en unas horas de consulta vamos a conseguir anular todo ese aprendizaje histórico? No somos tan poderosos: pensar que podemos hacer algo así es simplemente negar o ignorar los principios básicos de aprendizaje.

Recordar esto es el principio: nos trae de vuelta a una realidad en la que podemos trabajar junto a la persona (y su historia) de manera constante, paciente y optimista. Sabemos que es difícil, y a la vez sabemos que es posible. Además... su historia no solo está formada de tierra inerte... si exploramos lo suficiente podremos encontrar oasis y yacimientos de recursos terapéuticos bien valiosos.

ACCIONES ÚTILES EN CONSULTA

PARA PROPICIAR LA EXPOSICIÓN

Si encontramos resistencia y la persona no quiere exponerse, está bien: no discutimos. Nos olvidamos, en ese momento, de la exposición, y ponemos en marcha las siguientes estrategias, en el orden en que se indican.

1. Explorar en busca de eficacia. Si bien la historia de la persona está llena de aprendizaje ansiógeno, también lo está de momentos en los que ha afrontado eficazmente, porque sabemos una cosa: ninguna historia es 100% ineficaz para la supervivencia (si no, bueno, no tendríamos delante de nosotros a esta persona). Explorando, podemos descubrir momentos en que la persona sintió algo que temía sentir, y aún así hizo lo que debía. Debemos encontrar, sacar, limpiar y pulir esas pequeñas perlas olvidadas, haciendo que la persona hable sobre ello. Aunque no tengan que ver con la ansiedad, ya nos encargaremos nosotros de crear las conexiones apropiadas.

2. Explorar en busca de valor. Alguien que sabía mucho sobre aprendizaje dijo una vez que si quieres conocer a una persona, debes saber qué reforzadores existen para él/ella, y se puede trasladar al afrontamiento de la ansiedad: si queremos que la persona se exponga, debemos saber por qué le va a merecer la pena. Realizar terapia de exposición sin explorar valores es esperar que la persona se tire al barro porque sí: el barro no le gusta a nadie, no tiene por qué gustarle (perdón, seguro que habrá algún fetiche sobre el barro, mis respetos para ello). Por eso es importante dedicar tiempo en consulta a que la persona hable sobre lo que hay más allá del barro: así, transformamos una tortura en una misión de valor.

3. Programar pequeñas acciones de valor. No hablamos aquí de exposición ni de ansiedad: le proponemos a la persona que lleve a cabo pequeñas acciones que tengan que ver con aquello que echa de menos. Aquí, es muy probable que la persona diga "¿y si me cuesta?" o algo similar: ¡esto será una muy buena señal! En esa pregunta, la persona ya está involucrada en la exposición, hasta el punto de que pide herramientas para hacerlo, y quiere hacerlo. Entonces, ponemos en marcha todas las estrategias propias de planificar una exposición, como asignación de grado de dificultad y división de las metas en pequeños pasos; también, si lo estimamos oportuno, podemos trabajar en consulta para que la persona tenga experiencia en experimentar sensaciones indeseadas y dejarlas estar.

Es realmente importante no tener prisa: a menudo es preferible perder una batalla para ganar la guerra. Si debemos invertir varias sesiones en los puntos 1 y 2, será preferible antes que tratar de pasar al 3 sin haber preparado el terreno por el que vamos a caminar.

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