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Psicoterapia Contextual Online, ¿incongruencia o adaptación?


¡Nueva entrada! Esta vez, de la mano de nuestro compañero Ray González.Os dejamos con sus interesantes palabras, ¡gracias compañero!

En la mayoría de terapias basadas en la evidencia y sobre todo en las terapias contextuales, la relación terapéutica viene a cobrar una gran relevancia, no tan sólo como una cuestión de crear un clima adecuado de confianza, sino como una gran herramienta terapéutica por sí misma. No hay nada más poderoso que observar y evaluar una conducta clínicamente relevante tal y como sucede en la sesión clínica e integrar estos datos nos ayudan a desarrollar hipótesis de las conductas semejantes que ocurren fuera de la sesión terapéutica y así poder intervenir en ellas.

En función a esto, dado que actualmente se utilizan modalidades no presenciales, como sesiones online, ¿qué ventaja nos ofrece una psicoterapia online frente a una presencial? ¿El potencial de una relación terapéutica humana y genuina se mantendría? ¿Podríamos decir que en la psicoterapia la sustitución total del encuentro presencial por uno cibernético es igual de efectivo? Mi pronta respuesta, utilizando los principios que ya bien conocemos sobre el pragmatismo, sería: depende.

Si bien es cierto que es un excelente instrumento para bastantes casos, también lo es que no para todos. Mucho dependerá de factores que hay que tomar en cuenta al momento de utilizar esta valiosa herramienta. En este pequeño texto, trataré de articular algunos criterios que, considero, debiéramos pensar.

¿QUÉ HABRÍA QUE TOMAR EN CUENTA?

Una de las cuestiones que se podrían tomar en cuenta, adoptando una actitud de ligera inquietud, es en relación al comportamiento no verbal. Es decir, todo aquello que no son palabras, tales como los aspectos paralingüísticos (tono, volumen, cadencia), posturas, gestos, miradas, etc., que bien podrían ser objeto de atención o lo que llamamos conductas clínicamente relevantes a modificar y que por este medio no sería tan sencillo lograrlo o no al menos en su totalidad. Por ejemplo, imaginemos a una persona en situación de depresión en donde parte de los comportamientos depresivos que queremos modificar son la postura, la mirada, el volumen y tono de voz. Sabiendo del poder y la gran utilidad de la relación terapéutica y el aprovechamiento del tiempo en sesión, ¿utilizar plataformas virtuales (como Skype) sería igual de efectivo que reforzar de manera natural otros parámetros o además respuestas alternativas a estas?, un poco complicado.

Otra razón en donde podríamos ser críticos es referente al tipo de problemática que presente una persona, donde el hecho de suplir las sesiones presenciales por esta manera de abordaje podría ser un factor que mantenga la demanda en cuestión. Imaginemos una persona con agorafobia o miedo a los lugares grandes, exteriores, multitudes o con fobia social, donde una de las principales características es la evitación y/o escape a través de estar solo en casa, seguro o lugares donde pueda ejercer una gran confianza (conductas de seguridad). Prácticamente, utilizar como una única intervención las sesiones online a pesar de ya estar haciendo algo con el problema, paradójicamente, aunque es una conducta de forma o aspecto distinta sigue cumpliendo la misma función: es decir, la evitación de situaciones que resulten aversivas para esa persona.

ENTONCES, ¿CUÁNDO UTILIZAR

LA MODALIDAD ONLINE?

Ahora bien, en relación con lo anterior, esto no quiere decir que por sí mismo esto sea malo, sino que mucho dependerá del momento en el que se encuentre la terapia.

Sabemos que la decisión de una persona de empezar psicoterapia puede ser difícil, tanto por la misma problemática como por las creencias y emociones que se tiene en determinado contexto sobre acudir al psicólogo y, en algunos casos, por el desarrollo de la confianza en la relación con el terapeuta. En estos casos, y como los ejemplos anteriores, iniciar el tratamiento de forma online no es necesariamente algo malo, se podría aprovechar para poco a poco ir animando y reforzando el aproximarse a sesión frente a frente y actividades relacionadas con ello. Advertidos de no confiarnos habría que estar atentos a los avances de una manera objetiva, preciso de una evaluación o medición que nos lo compruebe.

En un ejemplo contrario al comienzo de la terapia, la utilidad de las sesiones online podría caber bastante en el seguimiento y consolidación de la intervención, monitoreando los avances y la generalización de las nuevas habilidades aprendidas. En esta fase, la directividad por parte del terapeuta se empieza a desvanecer, por lo cual echar a un vistazo a cómo va la situación y brindar pequeñas orientaciones por videollamada es una buena opción. Eso sí, con apertura a las urgencias que pudieran caber.

También es necesario resaltar que existen situaciones más pertinentes de abordar online que otros. La gravedad, dificultad, y la toda la evaluación en sí del problema nos aportaría los datos que, en compañía al juicio clínico, servirán para tomar la decisión sobre la congruencia de un abordaje presencial u online.

Si tomamos en cuenta que incluso la relación terapéutica es en sí misma una situación interpersonal, será más eficiente el entrenamiento en habilidades sociales desde un contexto terapéutico presencial, donde se podría modelar y moldear estas conductas que nos interesa se agreguen a su repertorio. Sin mencionar que en una sesión grupal este tipo de abordajes ofrece ya bastantes ventajas, como el reforzamiento natural de las interacciones sociales y la creación de redes de apoyo.

Por último pero no menos importante, hay que tomar en cuenta el posible riesgo que pudiera haber de acuerdo al caso. Con esto me refiero a la urgencia que se remita en caso de estar en peligro la vida del usuario o de un tercero. Desde luego que utilizar medios digitales podría ser beneficioso en caso de crisis, pero a su vez no hay que descartar la idea de que se torna más complicado, incluso con los terapeutas bien preparados, prefiriendo así la atención presencial.

EN POR MENOR...

En conclusión, la utilización de las herramientas tecnológicas como lo es la psicoterapia online puede ser bastante útil, no hay duda, pero dependiendo del contexto propio de la situación es dónde y cómo resultará mayormente útil o no tanto.

Si tenemos en cuenta aspectos como la problemática, el momento de la terapia, la severidad, el riesgo, las funciones de las conductas clínicamente relevantes, el tipo de intervención, etc., aunado a un buen juicio clínico, nos ayudarán a tomar la mejor decisión para el usuario y su situación. No es que nos mantengamos en una falsa dicotomía de que por utilizar el internet como medio sea malo o que por utilizarlo sea mejor, sino que evaluar particularmente el caso nos permitirá sacarle provecho de la mejor manera. Y en caso de que notemos que las sesiones online no van por ahí, fomentando y respetando la autonomía del usuario y adquiriendo un enfoque útil de resolución de problemas admitiendo que hasta este resultado es bueno, informarle y cambiar la modalidad si es posible o bien canalizar.

En honor a la verdad, esta forma de hacer psicoterapia es cada vez más utilizada por terapeutas en todos lados, pues ha resultado muy útil, pero es precisamente por esto que tenemos que señalar cuáles son sus alcances y limitaciones, de esta forma al menos, garantizaríamos un poco más los resultados en pro de un cuidado responsable del usuario y de la misma ciencia. La cuestión está en puerta.

Como siempre, espero que estas líneas te hayan sido lo menos aversivo posible, pero también espero que te puedan ser útiles, al menos para lograr conciliar el sueño.

¡Gracias por leerme y compartir si te ha gustado!

¡Nos estamos leyendo!

Psic. Raymundo González Lic. En Psicología – Universidad Autónoma de Guerrero Estudiante en Terapias Contextuales.com Maestrando en Terapia Cognitivo – Conductual Estudiante Autodidacta Amante de la Psicología, Star Wars y Batman psic.raygonzalez@itecoc.com

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