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Ansiedad y depresión: ¿en qué intervengo primero?

Actualizado: 14 de nov de 2019


Una duda común entre psicólogos/as que supervisan es justo esa: "Al hacer la evaluación, he visto que muestra tanto ansiedad como depresión, ¿a qué le doy prioridad en la intervención".

"Pon el foco de la intervención en aquello que más afecte a la vida de la persona" es una respuesta muy jugosa que estaremos tentados a dar, pero que se queda realmente corta y, en gran parte, no es muy acertada: veamos por qué.

EL PROBLEMA DE LA PRIORIDAD

Cuando tenemos que elegir entre problemáticas sintomatológicas, estamos decidiendo desde una perspectiva descriptiva, topográfica y dualista.

Responder que debemos focalizarnos en una u otra sintomatología es asumir que existe algo así como "enfermedades" a tratar en un orden determinado: si empezamos a tratar A, empezaremos con B cuando ya no exista A.

Por tanto, estamos asumiendo un enfoque no contextual y, por supuesto, en absoluto funcional, más compatible con un modelo biomédico: en medicina, sí que es importante el orden en el que se interviene, dada la entidad física y el origen bioquímico de los problemas (comprobado directamente). En Psicología, si asumimos el mismo enfoque, estamos cayendo en una trampa realmente peligrosa: perdemos de vista el contexto y el conjunto amplio de variables que inciden en el cambio de comportamiento de la persona que tenemos delante, causa primera y última del problema o problemas que presenta.

LAS VENTAJAS DEL ENFOQUE

CONTEXTUAL-CONDUCTUAL

Generalmente, quien pregunta qué patología abordar primero, asume un modelo biomédico, y se puede beneficiar muchísimo del enfoque contextual-conductual, por los siguientes motivos:

  1. Asume el comportamiento (tanto normal como "patológico") como un continuo, rompiendo ya esa diferencia sano-patológico. Un comportamiento se da en un contexto precisamente por las condiciones del mismo, como forma de adaptarse, más o menos útil.

  2. Permite conocer las variables que controlan los comportamientos. Haciendo uso del análisis funcional del comportamiento, permite conocer los antecedentes y las consecuencias que mantienen el problema, y así elaborar una intervención personalizada.

  3. Es un modelo centrado en la vida de valor de la persona. Más allá de que la sintomatología se vea reducida, la meta de la intervención siempre es que la persona aumente sus comportamientos dirigidos a áreas de valor, en función de su historia de aprendizaje.

ENTONCES, ¿QUÉ HAGO SI LA PERSONA PRESENTA ANSIEDAD Y DEPRESIÓN?

Gracias a realizar un buen análisis funcional, ¡no necesitarás contestar a esa pregunta!

De hecho, verás que los comportamientos que mantienen tanto la sintomatología ansiosa como depresiva, tienen en común tres características: sirven para reducir a corto plazo eventos internos indeseados (pensamientos, emociones, recuerdos, impulsos), y a largo plazo le alejan de las cosas que le importan.

Así, la intervención se centra en intervenir clases de respuesta: comportamientos que, más allá de su forma, mantienen el problema de la persona en sus múltiples formas.

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