• Manuel Murillo

El problema del uso de los verbos como profesionales de la salud mental.

Actualizado: 14 de nov de 2019


Manuel Murillo, compañero psicólogo, nos comparte esta interesante reflexión sobre el uso de los verbos en Psicología, concretamente en el abordaje de la depresión.

“Éstos gozaban de una ilimitada libertad, en parte debido a la falta de exteriores, pero también gracias a una disposición mental que se traducía en una peculiaridad lingüística. Tenían un solo verbo para los significados que en las lenguas europeas se repartían en dos: querer y poder. De modo que cuando decían —Yo hago lo que quiero— eran perfectamente sinceros”

César Aira, describiendo una sociedad esclavista en El Santo.

¿Qué verbos utilizar en consulta? ¿Qué verbos utilizar en divulgación? A menudo me encuentro en la tesitura de enfrentar este problema lingüístico, y estoy seguro de que no soy el único (sobre todo para los psicólogos y psicólogas que hayan estudiado los marcos relacionales y su implicación a la hora de derivar).

Pensemos, por ejemplo, en depresión. A continuación, una muestra de varios verbos que se suelen utilizar para referirse a ella:

  • Tiene depresión.

  • Padece depresión.

  • Sufre depresión.

  • Ha caído en depresión.

  • Es depresivo.

Encuentro en el verbo tener, que es quizá el más utilizado y admitido, una negación absoluta de lo holístico en la situación en la que se encuentra la persona, como si la depresión fuese un objeto o un complemento que se puede tener o no tener, y que del mismo modo que lo puedes tener, también lo puedes soltar, porque es algo completamente ajeno. Además, plantea un paralelismo lingüístico con cualquier problema médico de causa biológica (tiene cáncer, tiene gripe, tiene tuberculosis, tiene un grano, etc). En todas estas enfermedades médicas, además, hay un factor físico (un tumor, una bacteria, un virus, pus) que en cierta medida justifican la utilización del verbo tener, pero ¿en la depresión?

El verbo padecer, además de que parece colocarle una alfombrilla roja al modelo biomédico, tiene la implicación de que quien viene a consulta con el problema en cuestión es un paciente, porque los pacientes padecen, y utilizar el término paciente para dirigirse a la persona es un tema problemático que se sigue discutiendo y que sin duda daría para otro artículo en el que nos centrásemos sólo en ello.

El principal problema que encuentro con el verbo sufrir es debido a sus acepciones y a las implicaciones de su construcción sintáctica. En casi todas sus acepciones, sufrir es experimentar algo que causa un dolor, una molestia, un cambio, etcétera. Es decir, decir que se sufre depresión es decir que la depresión es la causa del sufrimiento. La pregunta es: ¿Se sufre porque existe una depresión, o existe una depresión porque se sufre? La pregunta, al principio, puede parecer ambigua, pero en realidad no es menos simple y evidente que esta otra: ¿Eres alto porque juegas al baloncesto, o juegas al baloncesto porque eres alto? La depresión en sí misma no es la causa de nada, sino que es el nombre que se le da a una situación de malestar en la que la persona está en su vida.

La expresión ha caído en depresión es algo que he oído (y leído) en muchas ocasiones, aunque casi nunca ha sido en boca de profesionales de la salud mental (y por algo será). Suele abundar los titulares de las revistas y periódicos digitales que nos hablan sobre los problemas de diversos celebrities, y también lo encuentro en conversaciones de personas que hablan de algún conocido que recientemente ha sufrido algún acontecimiento difícil (la pérdida de un ser querido, el desempleo, desamor, etc). Decir que alguien ha caído en depresión me resulta tan coloquial como decir que alguien ha pescado un resfriado, y me da la impresión de que niega por completo la historia personal y el contexto, así como el carácter funcional del problema, ya que es algo con lo que uno puede tropezar por la calle, independientemente a todo lo demás, y si tropiezas en ello te vas a caer y nada más te va a salvar de la caída.

Por último, he incluido el verbo ser. Esto lo he leído de médicos y de psiquiatras, pero rara vez de un psicólogo. Ser depresivo como quien dice ser pelirrojo, nos indica la depresión como una condición personal definitoria y excluye una reversibilidad o una posibilidad de trabajar con ello para mejorar clínicamente.

Que haya tantos problemas con los verbos que se utilizan para señalar el nombre de un problema psicológico me hace pensar en algo: cuando conocemos una persona que parece tener problemas con todo el mundo, todos pensamos: ¿no será más bien esta persona quien es problemática? De igual modo, no puedo evitar pensar que lo realmente problemático es, quizá, el nombre que se le da al problema psicológico.

Cambiando un poco esto, podemos encontrar algunos subterfugios verbales. Por ejemplo, si en vez de tratar a la depresión como un sustantivo la tratamos (y al decir la tratamos sigo inevitablemente hablando de ella –y al decir ella también- como sustantivo) como un grupo variable de factores (y la elección de estos factores es otro problema a tratar en alguna otra entrada), podríamos utilizar el verbo presentar. Decir que una persona presenta x factores implica poner el foco en la conducta mostrada (no en unos posibles síntomas mentales), en el contexto, en la historia personal, etc. ¿El problema? La economía del lenguaje. La enumeración de estos factores (que, además, idealmente serían diferentes en función de cada persona) resultaría tediosa, como si debiéramos llamar a cada atardecer de manera distinta en función de cómo han cambiado los colores y de qué posición tienen las nubes. El problema está en encontrar un lenguaje óptimo que solucione lo fatigoso de la enumeración sin caer en la comodidad y la negligencia de la reificación. Si quieres saber más sobre un enfoque que trata la depresión como un contexto antes que como un sustantivo, no te pierdas nuestra formación online en Activación Conductual para la Depresión, haciendo click en la imagen para matricularte.

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