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4 desafíos para el terapeuta a la hora de intervenir en obsesión - compulsión

Hoy compartimos este genial artículo escrito por Carolina Marsollier :)


Existen problemas obsesivos - compulsivos que para el terapeuta formado en EPR (Exposición con Prevención de Respuesta) no presentan grandes desafíos y responden muy bien al tratamiento adecuado. Sin embargo, a los problemas de obsesión - compulsión le encantan las trampas y en algunas ocasiones se pueden presentar situaciones que requieren afilar mucho más el ojo clínico.


1) Personas que no realizan rituales


Así es, hay personas con problemas obsesivos - compulsivos en donde no se observan fácilmente conductas rituales. Entre ellos encontramos a quienes presentan rituales escondidos en forma de compulsiones encubiertas que pueden variar desde repetirse una frase en particular hasta presentar diálogos encubiertos interminables entre lo que dice la obsesión y una respuesta racional que alivia momentáneamente, aunque al breve tiempo vuelve a aparecer la idea obsesiva:


"Soy un abusador porque no puedo estar seguro de no haber abusado de mi hermana."

"No, sé que no lo soy, porque sino mi hermana no me querría y ella siempre me trata bien."

"Pero tal vez está fingiendo y sólo se relaciona conmigo por miedo."

"No, ella es una persona frontal y cuando ha tenido que mandar al diablo a personas que la dañaron lo ha hecho."

"Y... ¿si ninguno de los dos recuerda el abuso?"


Puede confundirse este diálogo con tener un pensamiento adecuado, si no se evalúa la función del mismo adecuadamente.


Otro caso es el de personas sumamente evitativas. Muchas veces no llegan a realizar compulsiones porque han organizado su vida de manera tal que puedan evitar cada estímulo condicionado que pueda generar una obsesión. La evitación cumple la misma función que un ritual preventivo. Es así como una persona con temor a ser pedófilo puede no presentar ninguna conducta típicamente ritualista, ya que evita el contacto con niños a toda costa en su vida y así se "protege" de las ideas obsesivas. Un análisis funcional adecuado y una minuciosa psicoeducación permitirán encontrar las funciones de cada conducta.


2) Personas cuyas compulsiones son mínimas y conllevan poco malestar


"Sólo toco por segunda vez apenas la mano de la persona a quien saludo y, ya no siento más que me han quedado sus malas energías."

"Sólo sujeto unos instantes las mangas de mi camisa y luego me siento bien."


La trampa de estos problemas es que inicialmente las conductas compulsivas generan un gran alivio, por lo cual se repiten sin tanto malestar. Pero poco a poco las mismas van teniendo menos efecto, por lo que se comienzan a repetir más. Cuando los rituales son tan largos y molestos es más fácil trabajar con la motivación de la persona, ya que así como quieren librarse de sus obsesiones también quieren sacarse de encima las conductas ritualistas. En estos casos habrá que explicar adecuadamente la trampa a la que nos quiere llevar el problema de obsesión - compulsión, que nos endulza con rituales mínimos y muy efectivos, pero poco a poco nos deja cada vez más dependiente de ellos, más sensibilizados a las obsesiones. Es importante que en la etapa de mantenimiento y prevención de recaídas se refuerce está idea para que los logros obtenidos no sean parciales y así reducir el riesgo de una recaída.


3) Problema enmascarado


Muchas veces, en personas con problemas depresivos de larga duración puede encontrarse que las obsesivas y compulsiones han propiciado la evitación de conductas orientadas a objetivos vitales (naturalmente reforzantes) o que incluso la persona las realice pero la rumia impida que estas interacciones contacten con sus reforzadores naturales. Es importante poder hacer el diagnóstico adecuado de problemas comórbidos para poder aplicar un criterio de selección en la organización de las intervenciones.


4) Personas con medicación durante años

La EPR implica inicialmente tolerar ciertos niveles de malestar para ir generando desensibilización. Sin embargo, en muchos lugares del mundo no hay fácilmente disponibilidad de profesionales formados en estos problemas psicológicos, razón por la cual se suele recurrir a abordar el cuarto desde la psicofarmacología.


Hay muchas personas que han obtenido resultados parciales con medicación en cuanto a la reducción de sus síntomas, pero que no se han desensibilizado a sus pensamientos y emociones que les generan desagrado. Más aún, se han vuelto más sensibles con el paso del tiempo. Resulta un desafío lograr una adecuada adherencia al tratamiento de EPR, ya que éste implica estar en contacto con los estímulos que le generan molestia, y a los cuales han evitado sistemáticamente con la medicación.



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