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¿Cambian las personas? Sobre el cambio y la psicoterapia.



Artículo escrito y cedido para su uso en nuestro blog por Ray González.


Cada tanto nos encontramos con todo tipo de preguntas sobre si es posible que las personas cambien; muchas veces provienen de el escepticismo de las personas hacia el trabajo psicoterapéutico, mientras que otras veces se afirma con fervor y sin lugar a dudas que sí, las personas cambian.


Pero, ¿qué tan cierto es que las personas cambian? O más bien, ¿qué tan exacto es esto de que las personas cambian? Aquí lo discutiremos un poco.


Mientras, Spoiler alert: las personas NO cambian.

El cambio conductual y cómo sucede


Si bien es cierto que la gente busca cambiar muchos aspectos de su vida, o ser “otras personas” esto no es posible en psicoterapia. No podemos cambiar a las personas ni su vida, lo que se pretende y hacemos es ayudar a cambiar lo que las personas hacen para que esto tenga un impacto en su vida. Es decir, lo que cambia en las personas es su comportamiento, y para ser más exactos: la interacción o las relaciones funcionales entre lo que hace y el contexto.


El comportamiento de las personas puede cambiar de muchas maneras, no necesariamente cuando va al psicólogo clínico. Puede cambiar al estar con amigos, familia, escuela, etc. Este cambio es posible y, de hecho, sucede; sin embargo, todo este cambio pasa de una manera empírica, sin saber cómo y cuánto tiempo se requiere para ello. El psicólogo formado en análisis de la conducta es el que podría saber acerca de qué tipo de procesos suceden y aprovechar esto para predecir el comportamiento cuando las circunstancias o el contexto es el cotidiano y eventualmente cambiarlo de manera eficaz y eficiente.


Cuando las cosas van bien y en consonancia con los objetivos, el usuario, cliente o consultante sigue siendo la misma persona siempre, la diferencia es que ahora se comporta de distinta o de deseable manera frente a determinadas situaciones; es decir, amplía su repertorio conductual que le permite desenvolverse con mayor satisfacción individual y/o social. En este punto, no es tan adecuado decir que se comporta con mayor adaptación o funcionalidad, puesto que, desde luego su conducta tiene una función y es una manera de adaptarse a determinado medio.


El usuario es su propio agente de cambio. Conforme va aprendiendo y/o modificando su comportamiento durante las sesiones clínicas, permite que pueda cambiar su contexto, y este cambio en varios contextos más, también le permite cambiar su conducta y afianzarla. Es una interacción recíproca en donde el resultado es lo que hacemos, y que muchas veces, a manera de economizar las palabras, lo que somos. Lo que somos es una forma que equivale a decir cómo nos comportamos regularmente, mas no a una propiedad esencial. Si el comportamiento de las personas no cambia es porque el contexto de alguna manera le impide cambiar.

¿Es necesario un “cambio interno” para el cambio?


A menudo se escucha y se comenta que para lograr el cambio conductual primero se tiene que pasar por algunas otras cosas, tales como cambio de creencias o ideas, otras veces por procesos de aceptación y demás. Lo cierto es que no necesariamente es así. Ni son dos cosas separadas ni ocurre primero una y luego la otra.


Mucho tiene que ver por cómo se mira la naturaleza de los eventos internos o privados, aquellos a los que solo tienen accesibilidad la persona que los experimenta. En las prácticas basadas en el análisis de la conducta no se estima que los eventos privados sean diferentes a los públicos, al contrario, son exactamente lo mismo y se rigen por los mismos principios, salvo por la accesibilidad antes mencionada y por la escala (dimensiones) con las que pueden presentarse. Es decir, ocurren en una serie de comportamientos, secuencia o encadenamiento; mismas que sí tienen una influencia de una sobre la otra, pero no es determinante. El comportamiento operante (aquel que influye u opera en el medio y cuya frecuencia futura ha sido seleccionada, mantenida y moldeada por sus consecuencias pasadas) es inherentemente flexible, uno puede hacer cualquier tipo de cosas que no nos gusten y dejar de hacer aquellas que traen consigo algo que nos guste. De la misma forma podemos “actuar” de cualquier forma aún con que aquellos eventos privados digan lo contrario.


Se puede apostar a que durante el proceso terapéutico se utilicen estrategias en donde se estén cambiando aquellas “ideas o creencias”, pero realmente se están cambiando conductas, privadas, pero al fin conductas y que más tarde se convertirá en lo que hace. Verlo de esta forma es más útil por varias razones, si se aplica lo que ya se conoce sobre el comportamiento a lo privado nos permite saber cómo se sustenta y las funciones que tienen, y de esta forma aumentar la eficacia terapéutica en la interacción verbal y también el apego a una fuerte base teórica y una solida fundamentación experimental alejada de constructos que muchas veces caen en ficciones explicativas. Además, como ya es bien sabido, cualquier cambio cognitivo (evento privado) solo puede ser inferido mediante el cambio comportamental público-verbal. Nadie diría que una persona piensa de “manera distinta” si su comportamiento no es congruente con ello. No existe otra forma de comprobarlo, así que solo cuando logre cierto comportamiento o sus aproximaciones diríamos que va en buena dirección.


En honor a la verdad, muchas veces no es ni siquiera necesario pasar por este tipo de estrategias para poder hacer el cambio conductual público, pues debido a procesos como la covariación de respuesta y otros procesos más, un comportamiento puede ser modificado (el privado, en este caso) aun cuando otro es el foco u objetivo conductual (público). Basta con fijarnos en los procedimientos de exposición y de activación; cuando esto sucede los pensamientos tienden a cambiar o a dejar de importar cuando menos.


De igual forma sucede con aquello que llamamos “aceptar”. Existen muchas definiciones del concepto de aceptación psicológica, el problema de ello es que la mayoría se queda en términos muy difícil de comprender qué es exactamente, lo cual se ve reflejado en confusiones tanto para algunos terapeutas como para los usuarios. Por ejemplo, se ha dicho que aceptar es abrazar la experiencia ¿cómo se abraza la experiencia? Si bien se habla en un sentido metafórico puede resultar confuso. Ahora bien, definir cómo darse cuenta que alguien está abrazando la experiencia es distinto, pues ahí entrarían comportamientos que serían “la señal” de aquello que llamamos aceptar o abrazar la experiencia, y una vez más caemos en los mismos comportamientos públicos-verbales. Aunado, ¿existe una única forma de aceptar? En absoluto. Lo que para una persona puede ser abrazar la experiencia para otra puede ser distinto debido a su historia de aprendizaje, lo cual también lleva a mencionar que la llamada aceptación no es impuesta por el terapeuta ni para decirle qué hacer y qué aceptar.


Tampoco es que primero se acepte para poder hacer algo distinto, aquí seguiríamos cayendo en lo mismo que se ha pretendido cambiar. La aceptación o cualquier otro nombre que reciba, al igual que con los pensamientos, no ocurre primero ni viene de dentro de la persona, sino que esto sucede una vez que la persona hace algo distinto para inferir que “acepta” o “piensa distinto”. Es decir, se hace o se deja de hacer algo para aceptar o para pensar de manera distinta.


Se podría decir en algún momento, que da igual cómo esté pensando una persona en determinado momento mientras se comporte, pues eventualmente, por medio del contacto con aquello que se valore al comportarse, tiende a haber un cambio de varias maneras, de forma, de función o de importancia. Claro que siempre puede echarse mano de algunas estrategias que puedan instigar a comportarse de cierta forma a usuario, como algunas autoinstrucciones, control estimular, inducción situacional, etc. Son totalmente compatibles.

¿Qué otras opciones hay?


Algunas recomendaciones que podrían ser útiles para saber qué comportamiento es el objetivo o el deseado, aunado a sus aproximaciones públicas-verbales a ello serían indicadores de ir mejorando y que facilita tener claridad para el trabajo clínico es hacer preguntas en torno a lo que quieren lograr. Preguntas que siempre aterricen en comportamientos del usuario, aun cuando este mencione estados emocionales, comportamientos de otras personas o cosas que se quieren evitar. Es decir, aterrizarlos en qué hará o haría tu usuario si esas cosas pasaran, en términos que estén bajo el control del usuario, que no impliquen metas emocionales y en términos de acción más que de omisión.

Concluyendo


Como podemos ver, las personas son siempre las mismas; no hay como tal el hecho que las personas sean otras (aunque algunas veces sea deseable y otras veces le quite el sabor al asunto), sino que decimos que las personas cambian cuando cambia su comportamiento. Por ende, el trabajo del terapeuta es ayudar a que las personas actúen de manera distinta frente a ciertos contextos, y que siendo (las personas) su mismo actor puedan mejorar su satisfacción vital.


Cuando el terapeuta tiene claro qué es lo que tiene que ayudar al usuario a cambiar es más fácil lograrlo, y es útil pues puede aumentar la eficiencia para ello. Por eso, conveniente optar e incrementar el repertorio terapéutico en cuanto a aterrizar amable y estratégicamente a lo que la persona quiere hacer en función de aquellas consecuencias valoradas globalmente a largo plazo. Hay sistemas de clasificación que permiten ello, la Psicoterapia Analítica Funcional es una de ellos.


El cambio del comportamiento de los usuarios siempre es posible, los principios del comportamiento no fallan (podemos equivocarnos como terapeutas). A veces es más fácil, a veces más lento, con menor o mayor costo, pero siempre es posible.


Gracias por haber leído hasta este punto, espero que haya resultado lo menos aversivo posible. ¡Y compartirlo si te ha gustado!


¡Nos leemos en otro momento!

Psic. Raymundo González

Lic. En Psicología – Universidad Autónoma de Guerrero

Estudiante en TerapiasContextuales.com

Maestrando en Terapia Cognitivo – Conductual

Cursa Máster en Análisis Conductual Aplicado

Estudiante Autodidacta

Amante de la Psicología, Star Wars y Batman

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