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Indicadores genéricos de cambio en el proceso psicoterapéutico.




Hoy te traemos otro comentario de artículo, en este caso Krause, Mariane et al (2006). Indicadores genéricos de cambio en el proceso psicoterapéutico.


Un trabajo realmente interesante es el realizado por Krause y colaboradores (2006), ya enmarcado en investigación de procesos en psicoterapia. En este caso, los autores proponen la unidad “indicador de cambio genérico”, como momento terapéutico relacionado con la mejoría.


Después de la pertinente revisión bibliográfica, los autores declaran los objetivos:


a) presentar un listado de indicadores de cambio genéricos

b) mostrar cómo son verificables empíricamente

c) aplicarlos a cuatro terapias de diferentes orientaciones

e) analizar tanto su carácter genérico como su sensibilidad a la especificidad de cada una de ellas


Todo ello, en el marco de una metodología cualitativa, confirmatoria, basada en la observación y análisis de sesiones de psicoterapia tras espejo de visión unilateral, de los correspondientes vídeos y de las transcripciones de grabaciones en audio, en el cual participaron un equipo de investigadores-observadores de diferente orientación teórica en psicoterapia.


Se analizaron un total de 78 sesiones de psicoterapia, desglosadas de la siguiente manera:


  • Terapia Psicodinámica Breve, 23 sesiones

  • Terapia Psicodinámica Cognitiva, 20 sesiones

  • Terapia Familiar Construccionista-Social, 20 sesiones

  • Terapia de grupo integrativa para adictos, 17 sesiones


Al presenciar las sesiones en vivo, dos investigadores realizaron una lista de momentos de cambio, que fueron comentadas y puestas a análisis de acuerdo posteriormente por un equipo de diez investigadores, para posteriormente elaborar una lista de indicadores de cambio sucesivos, que se refleja a continuación:


  1. Aceptación de la existencia de un problema.

  2. aceptación de los propios límites y reconocimiento de la necesidad de ayuda.

  3. Aceptación del terapeuta como un profesional competente.

  4. Expresión de esperanza (remoralización o expectativa de ser ayudado o de superar los problemas).

  5. Descongelamiento (o cuestionamiento) de formas de entendimiento, comportamientos y emociones habituales (“fisura”). Puede implicar reconocimiento de problemas antes no vistos, autocrítica y/o redefinición de expectativas y metas terapéuticas.

  6. Expresión de la necesidad de cambio.

  7. Reconocimiento de la propia participación en los “problemas”.

  8. Descubrimiento de nuevos aspectos de sí mismo.

  9. Manifestación de un comportamiento o de una emoción nuevos.

  10. Aparición de sentimientos de competencia.

  11. Establecimiento de nuevas conexiones entres:

  12. Aspectos propios (creencias, conductas, emociones, etc).

  13. Aspectos propios y del entorno (personas o sucesos).

  14. Aspectos propios y elementos biográficos.

  15. Reconceptualización de los propios problemas y/o síntomas.

  16. Transformación de valoraciones y emociones en relación sí mismo u otros.

  17. Formación de constructos subjetivos respecto de sí mismo a través de la interconexión de aspectos personales y del entorno, incluyendo problemas y síntomas.

  18. Enraizamiento de los constructos subjetivos en la propia biografía.

  19. Autonomía en cuanto al manejo propio del contexto de significado psicológico.

  20. Reconocimiento de la ayuda recibida.

  21. Disminución de la asimetría entre paciente y terapeuta.

  22. Construcción de una Teoría Subjetiva, biográficamente fundada, sobre sí mismo y la relación con el entorno (indicador “global”).


Posteriormente, los investigadores muestran verbalizaciones concretas de cada uno de los momentos de la lista anterior, de manera que se muestra la manera en que es posible determinar el indicador a través de una verbalización de la o el paciente. Esta verbalización, en palabras de los autores y las autoras, es indicativa del contenido del momento de cambio, permite ser asociada a un indicador de cambio específico.


Esta clasificación es aplicada a cada uno de los casos, y se presenta en un gráfico como el que se puede ver en la siguiente figura, extraído directamente del artículo original:





Resulta interesante ver cómo se puede aplicar, incluso, una diferencia entre indicador del cambio intra-sesión, e indicador del cambio extra-sesión, en negro y gris respectivamente.


Uno de los principales intereses de este estudio, tal y como señalan los autores en la discusión, es el hecho de que existía mucha teorización respecto a los momentos del cambio terapéutico pero poca operativización o, al menos, poco trabajo de traducir eso del momento del cambio a algo tangible y contrastable mediante la simple observación; en este estudio, sin embargo, se muestra la manera en que se puede definir y observar aquello que se conceptualiza como indicadores del cambio. Quedan, por supuesto, desafíos, propios de la fiabilidad interjueces y del aumento del tamaño muestral.


Reflexionan al final sobre la respuesta a la pregunta “¿qué cambia cuando se cambia?”:“lo que cambia es la teoría subjetiva, la narrativa interna [...] que se hace visible al observador a través de los indicadores de cambio descritos”.


Asumen, igualmente, que su exploración sobre aquello que cambia está limitada por el marco del método elegido, quedando fuera de exploración todos aquellos elementos no incluidos en dicho marco, de manera inevitable.


Por último, ponen en valor para la práctica clínica este tipo de estudios, al dar información a los clínicos sobre eventos a los que estar especialmente atentos en consulta, como los indicadores del cambio descritos.





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