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Cuando el paciente no colabora: afrontando "Therapy-Interfering Behavior"




Por mucho que leamos, por mucho que nos formemos, nos vamos a encontrar en situaciones difíciles en la práctica clínica.


Muchas personas a las que atendamos seguramente mostrarán una actitud colaborativa, de participación activa en su propia intervención. Otras van a obstaculizar el curso de la propia intervención, casi desde el inicio.


Esta realidad no debe asustarnos, y hoy vamos a tratar de aportar algo de luz a la hora de afrontar en consulta comportamientos de las personas que sabotean el avance terapéutico.


Empezamos diciendo que no hay, per se, comportamientos problemáticos y que tampoco se supone que un proceso terapéutico tenga que ir siempre por unas vías concretas: que una persona quiera salirse del guión no es necesariamente un problema en consulta; de hecho, a veces, puede ser una gran señal de mejoría.


Hablar de comportamientos problemáticos en sesión es sinónimo de hablar de comportamientos problemáticos interpersonales, dado que la principal actividad que tiene lugar en la consulta es la socialización y el contacto entre dos personas.


¿Has entablado conversación alguna vez con alguien con quien no te hayas sentido del todo a gusto? Quizás ya le conocieras, y simplemente en algún momento habláis y las cosas no parecen ir fluidas, no parece que exista "verdadera" comunicación. En consulta puede ocurrir parecido: la persona que tenemos delante nos cambia de tema continuamente, nos dificulta hablar de las metas de la intervención, nos interrumpe, contesta con monosílabos, es muy vaga/o en detalles y/o cuenta excesivos añadidos. También, al igual que fuera de consulta, alguien puede dudar de nuestra palabra o buenas intenciones y decirlo abiertamente, eso puede ocurrirnos en consulta cuando la persona a la que atendemos duda de nuestra profesionalidad o de la elección y/o funcionamiento de la intervención.


En este punto pudiéramos pensar que la persona se está resistiendo, que no colabora, que algo está mal en él/ella o que debería estar totalmente dispuesto a participar en el trabajo terapéutico bajo nuestros términos (que para algo somos la persona experta). El problema de asumir esto es que caemos en varios errores, a saber:


  1. Pseudoexplicamos. Cuando decimos que algo que hace la persona se debe a que tiene un problema, estamos errando en la naturaleza del problema en sí: no es que algo cause el problema, es que el problema es aquello que está haciendo per se, no hay una causa interna y/u oculta. "No colabora porque es desafiante"...¿o es desafiante porque no colabora?" Este tipo de descripciones no ayudan demasiado, ¿verdad?

  2. Obviamos el contexto. Al igual que tú como terapeuta, la persona que viene a consulta no lo hace sola: trae toda su historia de aprendizaje. Aquello a lo que tú te refieres como resistencia es la manera que la persona tiene de afrontar situaciones como las que está enfrentando justo ahora, en este momento, delante de ti. Tener en cuenta el contexto nos permite tener amplitud de miras, y esto va a repercutir en el buen curso de la terapia como veremos.

  3. Superioridad. Si etiquetamos el comportamiento de la persona como problemático, es porque entendemos que está sucediendo algo que no debe suceder dado nuestro paradigma o modus operandi terapéutico: el problema de esto es que restamos flexibilidad al asunto. Si tenemos una teoría fuerte, vamos a saber hacernos las preguntas adecuadas para comprender -y no etiquetar-, para explicar -y no enjuiciar- el comportamiento de la persona.


Teniendo esto en cuenta, podemos desarrollar una actitud de curiosidad genuina ante comportamientos que puedan dificultar el curso terapéutico, y actuar en consecuencia. Para ello, unas cuantas ideas:


  • Conoce la historia. Es posible que la persona tenga experiencia con otros/as terapeutas, es posible que no. En cualquier caso, pregunta. Si tiene experiencia, será genial conocer qué ocurrió, cómo se sintió, en qué participó y en qué no; también, podemos hablar de las propias expectativas -tenga previa o no con un/a terapeuta- sobre el proceso terapéutico, pidiéndole su opinión y su aceptación; en caso de que haya algo que no acepte, siempre podéis construir nuevas expectativas entre ambos/as.

  • Anticipa. Sería bueno, en los primeros momentos, comentar algunos problemas usuales que pueden ocurrir en consulta y que no serían extraños. Puedes aprovechar para decir a la persona a la que atiendes por primera vez la importancia de estar atento/a a cómo se siente contigo, de las ganas que tiene de venir o no a terapia y de la sensación de logro o desgaste que pueda estar experimentando en las siguientes sesiones. Incluir la posibilidad del fracaso o de la dificultad en el encuadre terapéutico ayuda a normalizarlo y minimiza que la persona quiera ocultarlo o le cueste comunicarse contigo sobre el propio proceso.

  • Pregunta y explicita. Conforme la terapia avanza te interesa saber si la persona está satisfecha o no con el trabajo que estáis haciendo, y aún más te interesa tener claro cómo sabes que la persona está realmente satisfecha. "Yo noto cuando las cosas van bien" es una frase que he escuchado mil veces y que precede la tormenta de "No sé qué ha pasado, creía que todo iba fenomenal": no notes, pregunta; no supongas, cerciórate. Ten la costumbra de preguntar a menudo cómo le va a la persona contigo, cómo se siente contigo, y qué haces tú que le haga sentir de tal o cual manera.


Estas pequeñas sugerencias que reflejamos son especialmente relevantes cuando las personas a las que atendemos consultan por problemas interpersonales, tales como dependencia, evitación emocional en relación a otros/as o problemas tipo Yo (los imprecisamente llamados trastornos de personalidad).


No es que estas personas tengan algo dentro, una manera de ver la vida trastornada o algo similar: simplemente han tenido historias de vida en las cuáles han necesitado desarrollar repertorios comportamentales para adaptarse y sobrevivir, tal y como tú mismo/a hubieras hecho en sus circunstancias seguramente: contactar con este sentido histórico es una ventaja enorme.


Terminamos animándote a que eches un ojo a nuestra formación en Psicoterapia Analítica Funcional, un entrenamiento en las habilidades anteriormente referidas. ¡Felices fiestas!





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