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Flexibilidad y metáforas


Utilizar metáforas en consulta va más allá de contar cuentos: es necesario adaptar nuestro lenguaje a la historia de aprendizaje de la persona.

En la entrada de hoy tratamos de ilustrar, mediante un diálogo, cómo se hace esto exactamente en la práctica clínica.

Francisco está en la fase inicial de la terapia, y está explorando cómo funcionan sus comportamientos con la ayuda de su terapeuta:

Terapeuta: ...mmm... parece que hemos hecho una lista de cosas que haces cuando te sientes ansioso, ¿qué te parece?

Francisco: sí, es todo lo que hago en esos momentos

T: ¿Hay algunas otras cosas que hagas que funcionen así?

F: Pues... creo que no...

T: De acuerdo; parece que esto funciona de una manera particular para ti... mmm... me pregunto si te gusta la jardinería.

F: No, nunca he tocado una planta.

T: Ajá, ¿y el bricolaje?

F: Tampoco, no soy muy mañoso.

T: Vale, veo que llevas la camiseta del F.C. Barcelona, ¿te gusta el fútbol?

F: Sí, eso sí; me gusta tanto verlo como jugarlo.

T: Genial; verás, imagínate que un día quedas para jugar con tus amigos, y alguien trae una pelota algo rara; no le prestáis mucha atención, y empezáis a jugar. Conforme jugáis, te das cuenta de que pasa algo raro: los pases son horribles y los tiros se desvían. Te paras, tomas la pelota y te das cuenta de que no es una pelota redonda, es una pelota de rugby, de estas que son ovaladas. Dime una cosa, ¿estarías jugando mal porque eres un mal jugador?

F: No, estaría jugando mal porque la pelota no es la adecuada.

T: Eso parece. Imagínate que alguien se dejó la pelota adecuada en su casa, y ahora alguien tendría que ir a por ella, y está bien lejos. Tendríais que dejar de jugar y, además, invertir tiempo y esfuerzo en ir a por la pelota adecuada. Es posible que pensases que es preferible seguir jugando con la pelota de rubgy, aunque no sea la adecuada, porque si vais a por la otra ya no dará tiempo de jugar, así que seguís jugando un rato con la pelota de rugby. Eventualmente, cada vez serás mejor con esa pelota, hasta quizás te dará la sensación de que se puede jugar medio bien así... y a la vez tampoco terminarás de estar muy satisfecho, porque no es así como tú quieres jugar... ¿se parece en algo a tu experiencia?

F: Totalmente... es como todas esas cosas que hago cuando tengo ansiedad...

T: Ajá... y... oye, ¿qué otras maneras tienes de jugar con una pelota de rugby?

F: Ahora que lo pienso... también cuando hablo con mi pareja y me quejo de todo...

T: ¿Y por qué eso sería jugar con una pelota de rugby?

F: Porque me da la sensación de que funciona, pero en el fondo sé que no quiero estar así...

T: Genial. ¿Qué te parece si hacemos una lista de pelotas de rugby y otra de pelotas de fútbol?

En este uso de la metáfora, podemos ver cómo el terapeuta realiza algunas tentativas con la jardinería y con el bricolaje; tras comprobar que Francisco no tiene experiencia, estima que es poco probable que se pueda construir una metáfora adecuada. Al prestar atención, el terapeuta ve que lleva una camiseta de un equipo de fútbol, y pregunta sobre ello para reunir información: parece que Francisco tiene una historia en la cual está presente el fútbol y todo lo que ello implica. Conocer esta parte de la historia de Francisco le permite al terapeuta realizar una metáfora a partir de ahí.

En este punto, el objetivo terapéutico es que Francisco discrimine entre comportamientos ansiógenos y comportamientos ansiolíticos, por lo que la metáfora debe ir orientada a ilustrar y entrenar la discriminación funcional. Se habla de usar diferentes tipos de pelotas en un contexto que es funcionalmente equivalente, jugar a fútbol de manera adecuada. En ese contexto, jugar con una pelota de rugby (comportamientos de evitación) no le va a servir aunque sea algo fácil y cómodo, mientras que jugar con una pelota de fútbol (comportamientos ansiolíticos) sí que le puede servir aunque sea algo incómodo y frustrante (porque debe ir a buscar la pelota a casa de su amigo, lo cual implica dejar de jugar a corto plazo para poder jugar bien a largo plazo).

El terapeuta no ha sacado esta metáfora de ningún libro de metáforas: ha entrenado su capacidad de discriminación funcional y ha practicado su retórica y elocuencia, ampliando su repertorio verbal, para así poder crear historias y metáforas que sean funcionalmente equivalentes y, por tanto, útiles para la persona.

Terminamos esta entrada, con una pregunta para ti: ¿sería adecuado que tú ahora utilices esta metáfora con cualquier persona a la que atiendas? :)

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