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La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): una breve introducción.






Artículo cedido para TerapiasContextuales.Com por Julio Antonio Hernández Pineda Michelle Flynn Brito


Introducción


La terapia de aceptación y compromiso (ACT) (Hayes, Stroshal, Wilson, 2014) ha sido creada por el psicólogo Steven Hayes junto con otro grupo de colaboradores en un intento de trasladar al campo c


línico los recientes hallazgos del análisis experimental del comportamiento. Tiene como base la teoría del marco relacional, “surge del conductismo radical del siglo pasado” (Roda, s. f.).


La ACT es una psicoterapia bastante distinta a todas, respecto a las concepciones de trastorno psicológico porque no sigue un modelo biomédico ni desde la manera de entender los problemas psicológicos ni en la manera de tratarlos puesto que no van en busca de un diagnóstico del DSM y/o del CIE ni tampoco trata de eliminar el problema o el malestar psicológico. En lugar de ello trata de que los usuarios de psicoterapia desarrollen una flexibilidad psicológica que les permita poder experimentar el momento presente en cualquier contexto, aceptando la incomodidad o el evento aversivo y que puedan actuar aún a pesar de ellos en congruencia con lo que ellos consideren valioso para sus vidas: sus valores. La ACT trata de tapar los huecos que dejan, por sus limitaciones, las generaciones anteriores de las terapias cognitivo conductuales.

Terapia de aceptación y compromiso


La ACT es una nueva forma de hacer psicoterapia, que forma parte de lo que han dado en llamar las terapias de tercera generación, o tercera ola, de las terapias cognitivo conductuales (TCC). Y se fundamenta en la teoría del marco relacional (Hayes, 2011). La ACT se basa en algunas investigaciones básicas sobre el funcionamiento del lenguaje y la cognición; que nos sugieren que las herramientas, o las formas, que tenemos para tratar de darle solución a nuestros problemas, de alguna manera, constituyen los verdaderos problemas en sí. Y estos problemas son lo que aumenta el sufrimiento humano. Dicho de una forma más simple los humanos entramos constantemente en situaciones, propiciadas por nosotros mismos, mediante nuestros pensamientos y es así como esa herramienta (nuestro cerebro) que tenemos para dar solución a nuestros problemas termina siendo nuestro peor enemigo.


La ACT, hasta cierto punto, desafía las maneras tradicionales de percibir y abordar los problemas psicológicos. Muestra de ello es la perspectiva poco convencional que se debe tener en cuenta:

  1. El dolor psicológico es normal, son procesos congruentes con la realidad y todo los humanos lo viven.

  2. Nadie puede librarse del dolor psicológico, pero si puedes hacer algo para que no te afecte al grado de que no te permita lograr tus propósitos en la vida.

  3. Sufrimiento y dolor son cosas muy diferentes.

  4. No debes creer que el sufrimiento y tú son lo mismo o que es parte de ti vivir sufriendo

  5. Paradójicamente aceptar el dolor es un gran paso para alejarte del sufrimiento;

  6. Para vivir una vida valiosa tendrás que aprender que no todo lo que se deriva de tu actividad cognitiva es verdad

  7. Admitir que lo que habías hecho hasta ahora, como solución, te ha servido de nada para cambiar la situación y abrir tu mente a aceptar ayuda de un experto en la materia en cuestión. Todo lo anterior gira “en torno a una preocupación central: la flexibilidad psicológica” (Hayes, Strosahl, Wilson, 2014, p. 14).



Flexibilidad respecto al sufrimiento humano.


Esta flexibilidad psicológica respecto al sufrimiento o dolor psíquico se da a través de un proceso que comprende: defusión, aceptación, atención flexible al momento presente, yo –como- contexto, valores y compromiso de acción (Hayes-Strosahl-Wilson, 2014, p. 14). Proceso que se da conforme el sujeto va comprendiendo cada peldaño pero en lo absoluto sigue un orden o una secuencia y esos seis elementos también forman parte del Hexaflex una representación gráfica de los procesos necesarios que llevan a la flexibilidad psicológica (como están conectados entre sí, forman un hexágono y de ahí el nombre hexaflex).


Por consiguiente, lo que la ACT propone es un cambio en la perspectiva o en la forma en que concebimos las experiencias personales, de ninguna manera (a diferencia de otras terapias) propone un cambio inmediato; pero las investigaciones reportan que si es posible cambiar en corto tiempo la función, o las barreras, que los problemas realizan en la vida de las personas. Entonces, la ACT se centra en lo que en realidad es el problema y no en como lo percibe el sujeto en cuestión. Según éste modelo, la mera acción de enfrentarse a los problemas de manera diferente puede, de inmediato, cambiar la repercusión de los problemas en la vida del sujeto y esto podría darse aunque los estresores no cambiaran.

Visto desde ésta perspectiva, la ACT no viene a atacar los problemas presentes sino a enseñar como abandonar la batalla que se está teniendo en contra de los mismos y es aquí donde se da la esencia del problema y el verdadero campo de acción. Además en el transcurso de la terapia se promueven actividades en congruencia a una vida con sentido o dirigida hacia los valores de cada persona, o sea que haya acciones comprometidas con sus objetivos en la vida.

Base teórica de la ACT


De manera general las terapias de tercera generación parten de la premisa (a diferencia de las otras terapias, de primera o segunda generación) de que el problema no está dentro de la persona sino que la persona se encuentra en una situación problemática que sobreviene de una valoración, producto, de su historia, su cultura o su entorno en que se desenvuelve. O sea que no se considera que un trastorno se deba a un déficit en la persona, a nivel neuronal o cognitivo; sino a condiciones producidas por la interacción con su contexto actual. Con bases y evidencias empíricas, y experimentales, las terapias de tercera generación han agrupado a un gran número de terapias como: La activación conductual, La psicoterapia analítica funcional, terapia dialéctica comportamental etc., de las cuales la ACT ha sido de las más destacadas y funcionales, y por lo tanto, de las más difundidas. De acuerdo con Barraca (2014) “Probablemente, el principal referente de estas terapias de tercera generación se encuentra en conductismo radical o contextualismo” (p. 308) visto así, se entiende el porqué del interés de los clínicos en que sus prácticas tengan una base bien fundamentada en evidencias.


La ACT es una de las terapias hegemónicas, sino es que la más representativa, del conjunto de terapias denominadas de tercera generación o terapias contextuales. Ésta terapia “es parte de una aproximación científica más amplia para desarrollar una psicología que responda a la complejidad de la condición humana” (Páez & Gutiérrez, 2012, p. 21).


La ACT se ha podido desarrollar debido a tres pilares fundamentales

  1. La teoría del marco relacional (TMR).

  2. Los estudios clínicos sobre ACT.

  3. La dimensión diagnóstica del trastorno de evitación experiencial (TEE); los cuales se mencionan de la forma más breve posible.




La teoría de los marcos relacionales (TRM) tiene una perspectiva funcional-contextual en lo concerniente a lo verbal, la actividad cognoscitiva y el comportamiento relacional. Ésta teoría postula que las personas aprenden en función de la relaciones arbitrarias que pueden establecer entre estímulos (entiéndase también, como un hecho y/o un evento) y responden a otros eventos de acuerdo a la relación con dichos estímulos. Define la conducta como un proceso de aprendizaje dado a través de la socialización donde se dan estas relaciones arbitrarias, bidireccionales, combinadas o por la trasformación de funciones entre estímulos; por ejemplo: Pedro es mayor cuatro años que Luis, José es menor 1 año que Luis. En función con la relación obtenida, cronológicamente hablando se podría relacionar de manera arbitraría que José es 5 años menor que pedro. Los marcos relacionales se caracterizan por tres propiedades:

  1. Establecimiento mutuo.

  2. Establecimiento combinatorio.

  3. La transformación de las funciones.

También esta transformación está controlada en gran medida por el contexto y de acuerdo con Páez y Gutiérrez (2012) por lo tanto se puede modificar el contexto de las redes relacionales sin cambiar lo contenido en el contexto y esto supone la base de los métodos clínicos de la ACT.


  1. El establecimiento mutuo implica que, en una relación entre dos estímulos, de una dirección se deriva la otra (p. ej., si a una persona le decimos que Pedro es mayor que Luis, entonces deducirá que Luis es menor que pedro).

  2. El establecimiento combinatorio implica que dos relaciones, entre estímulos, se pueden utilizar para derivar una tercera relación (véase el ejemplo del párrafo anterior).

  3. La transformación de funciones implica que la función que tenga un estímulo puede cambiar la relación de todo aquel estímulo que se le pueda relacionar (p. ej., si a la persona se le dice que Luis da mejores consejos por ser mayor – que José, posiblemente preferiría pedirle un consejo a Pedro).


El trastorno de evitación experiencial (TEE) o evitación experiencial destructiva (EED) se le denomina a un tipo de regulación inflexible para no actuar, escapar o evitar el contacto con el malestar; emocional, cognitivo, fisiológico, conductual, contextual, etc. Aunque muchos de estos malestares no constituyen un problema en sí mismos pueden convertirse en un problema si conllevan a una inflexibilidad psicológica, o sea, cuando tratar de eliminar el malestar representa un aspecto primordial antes de actuar en función de los objetivos vitales.


Esta inflexibilidad psicológica a la larga cobra una factura muy elevada porque cada vez se hacen más frecuentes las incomodidades, o los sucesos temidos, al grado de hacer que las personas ajusten su vida al problema psicológico y con ello la visión de sí mismos es cada vez más pobre en lo referente a su capacidad de afrontamiento del malestar y derivado de ello se disminuye su satisfacción personal.


Las emociones incomodas o aversivas, el dolor y los sentimientos son inherentes al ser humano. Entonces las personas no sólo podrían sentir malestar ante algunos estímulos (que producen el malestar) sino también a cualquier tipo de eventos que guarde relación con dicho estímulo aversivo. En varios contextos nuestra reacción cumple funciones que fueron transformadas por el lenguaje por lo tanto los intentos de eliminar el malestar no son fructuoso por una extensión de la red relacional. Es esta la razón del porqué para comprender el TEE, o EED, como un patrón de funcionamiento se debe entender el papel de esta actividad relacional.


Obviamente estos patrones conductuales suponen a corto plazo un alivio al malestar o a la incomodidad y es esta la razón por la cual estos comportamientos se mantienen durante el tiempo, la repetición de estas conductas tienen su fundamento en, los principios que rigen el comportamiento, en el reforzamiento negativo (véase Holland y Skinner, 1990 para la revisión de los principios) para ser más exactos. De acuerdo con este principio cualquier conducta que tenga éxito al mitigar, decrementar o eliminar un estímulo aversivo aumentará en intensidad, frecuencia, duración y en su ocurrencia en el futuro; porque la característica del Reforzamiento es precisamente eso, aumentar las conductas y es ahí donde erradica la no aceptación radical del problema y la búsqueda, a toda costa, de la “tranquilidad” y la “seguridad”, que argumentan, les brindan a las personas este tipo comportamientos (TEE).

El otro pilar son las investigaciones y desarrollo respecto a esta terapia como oposición al TEE, o sea, los intentos por eliminar el malestar; la ACT propone la flexibilidad psicológica, con esto, quieres decir que se intenta incrementar la habilidad para ponerse en contacto, en todo momento, con cualquier experiencia en las circunstancias que sea y responder a ellas con acciones comprometidas que conduzcan a una vida valiosa para la persona en cuestión.


La ACT, en lo clínico, busca clarificar los valores y las acciones comprometidas hacia ellos y también busca facilitar la defusión con los eventos privados que se presenten en la actuación, desactivando la evitación y orientando a que los experimente como el contexto de la experiencia personal. El no luchar ni resistirse a esos malestares es el objetivo de la aceptación.


¿Cómo, la ACT, clarifica los valores y busca que se den acciones comprometidas hacía estos? Se da a través de la desesperanza creativa, clarificación de valores, promoción de la aceptación e induciendo a experimentar cualquier reacción privada. Los componentes yo-contexto y defusión intentan reducir la dominante función literal en referencia a los eventos privados, que los que constituyen las principales barreras para la acción y asá crean nuevos contextos a los que se pueda responder de manera más flexible y en consonancia a lo valioso de cada persona.


La defusión implica que la persona vea a los pensamientos y las emociones (o cualquier experiencia inevitable en la vida) como lo que son y no como lo que él cree que son, esto viene a reducir el impacto en la persona y a ampliar la perspectiva de acción hacia los objetivos vitales. El yo-contexto se dirige hacer más accesibles hacía un sentido de perspectiva de el Yo como un contexto en el que tienen lugar los eventos y que dichos eventos no nos definen y por ende poder experimentar cualquier evento privado. Esto les permite ser conscientes de la gran cantidad de eventos privados que se dan en las experiencias, pero sin que se fusione con ellos, para que pueda actuar comprometidamente (que es la intención de la ACT) con sus valores sin que le afecte tanto la presencia de estos.


Estos objetivos se consiguen con paradojas, metáforas y ejercicios experienciales, estos ejercicios son un componente fundamental dentro de la ACT y su uso se contrapone al método clásico de la reducción o extinción del malestar. Se trata de que se vuelva más flexible en sus reacciones al malestar y que se desarrollen en él patrones conductuales más dirigidos a los alores que ha elegido. Y como bien lo menciona Barraca (2014) la clave de la terapia no estriba en eliminar el malestar (que provocan los eventos privados) sino en contextualizarlos, lo que significa comprender su función y alterar los contextos verbales con los que los juzga como problemáticos.

La conceptualización del caso desde la ACT


“La ACT parte de la formulación del caso mediante el análisis funcional, determinando cuales son los valores del paciente y su compromiso con ellos, para, a partir de aquí, fijar los objetivos terapéuticos específicos” (Ruiz, Díaz & Villalobos, 2013, p. 528). Como se ha venido diciendo a lo largo de éste texto, el objetivo de la ACT es crear en la persona una flexibilidad psicológica entendida como esa capacidad de experimentar planamente el momento presente.


Incluye diferentes hipótesis sobre las variables que explican la génesis desarrollo y mantenimiento que servirán para delimitar el tratamiento que se va a seguir. Se debe tener una mirada funcional para saber

  • Cuáles son las conductas observables.

  • Establecer una buena relación terapéutica.

  • Conocer los procesos funcionales.



También debe tener mayor consciencia en las intervenciones procurando creatividad y flexibilidad y comprender cada caso en particular mostrando respeto (respeto radical).


La conceptualización (el análisis funcional) lleva tres componentes importantes

  1. La historia de aprendizaje (obviamente del problema).

  2. Motivos por los que ocurre en dicho contexto.

  3. Qué es lo que mantiene el problema (Olaz, s. f. ). Es importante hacer notar que ACT no tiene una manera estructurada de proceder sino que es todo lo contrario propone una guía flexible para el tratamiento con diferentes estrategias congruentes con los objetivos. Los procesos que se llevan a cabo son: Desesperanza creativa, orientación hacia los valores, se abordará el control como problema, la aceptación, la defusión cognitiva, el yo-contexto y la acción comprometida (véase: Ruíz, Díaz y Villalobos, 2012).


Trastornos psicológicos en los que ha resultado ser eficaz la ACT.


Las terapias contextuales, y por lo tanto, la ACT también, tienen una manera propia de concebir los trastornos denominado Trastorno de Evitación Experiencial (TEE). Éste categoría incluye a la mayor parte de los trastornos psicológicos que aunque, si bien, tienen diferencias en la topografía comparten un patrón de funcionamiento muy parecido: el trastorno de evitación vivencial destructivo. Éste patrón hace referencia a la manera en que la persona trata a todas costa de no exponerse a los eventos ya sea contextuales o privados que le molestan o generan algún tipo de incomodidad constituyendo así la unidad de interés en estas terapias; porque se convierte en un problema cuando constituyen un obstáculo (o los hace disfuncionales) del ser humano para actuar en dirección a lo que considera valioso (Ruíz, 2010).


Esta terapia ha resultado ser efectiva en numerosos estudios de caso en formato breve o amplio; grupal o individual. También ha sido aplicada (la ACT) a un amplio rango de problemas psicológicos y se han aplicado a ensayos controlados de depresión, manejo del estrés, sintomatología psicótica, patrones obsesivos-compulsivos, trastornos de la ansiedad, consumo de drogas y tabaco, diabetes, epilepsia, cáncer, dolor crónico, obesidad etc. (Páez y Gutiérrez, 2012). Barraca (2014) comenta que la ACT tiene evidencia científica en pacientes con psicosis, cuadros mixtos ansiosos-depresivos, dolor crónico, depresión unipolar, problemas cronificados.


La ACT ha demostrado su eficacia en el tratamiento de una amplia gama de trastornos psicológicos como: depresión, trastornos de ansiedad, síntomas psicóticos, adicciones, etc. en problemas de salud como: dolor crónico, cáncer, epilepsia, etc. y en problemas diversos como el estrés laboral, el estigma o el rendimiento deportivo. A través de una diversidad estudios, la ACT se ha mostrado superior a las condiciones control y de lista de espera y los tratamientos prescritos de manera regular (Ruiz, 2010).


En conclusión, uno de los aspectos más importantes es la evidencia de empírica que tiene la ACT de que funciona por medio de los procesos que propone la reducción de la evitación experiencial y la defusión con los eventos privados que constituyen el problema. La evidencia con la que se cuenta a través de los estudios resalta la importancia de la evitación experiencial destructiva para dar explicación de la psicopatología y una diversidad de problemas y en el desarrollo de la aceptación para romper con ese patrón de comportamental disfuncional y contrario a ello promover patrones conductuales en función de lo que la persona considera valioso.


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SOBRE LOS AUTORES:






REFERENCIAS:

Barraca J. (2014) Técnicas de modificación de conducta: una guía para su puesta en práctica. España: Desclée De Brouwer

Barraca J. (2005) La mente o la vida una aproximación a la terapia de aceptación y compromiso (2da. Ed.). España: Desclée De Brouwer

Hayes S. C., Stroshal K. y Wilson K. G. (2014). Terapia de aceptación y compromiso. Proceso y práctica de cambio consciente (mindfulness) España: Desclée De Brouwer

Hayes, S. C. (2011). Sal de tu mente entra en tu vida. La nueva terapia de Aceptación y compromiso. España: Desclée De Brouwer

Holland, J. G. y Skinner B. F. (1990). Análisis de la Conducta: Texto programado (2ª. Ed.). México: Trillas.

Olaz, F. (s. f.) Prezi. Conceptualización de casos en ACT. Recuperado de: https://prezi.com/nedm2j9zhxuw/conceptualizacion-de-casos-en-act/

Páez M., Gutiérrez O. (2012). Múltiples aplicaciones de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) (coords.). Madrid: Pirámide

Ribero-Marulanda, S. & Agudelo-Colorado, L. (2016). La aplicación de la terapia de aceptación y compromiso en dos casos de evitación experiencial. Avances en Psicología Latinoamericana, 34(1), 29-46. doi: dx.doi.org/10.12804/ apl34.1.2016.03 Extraído de: http://revistas.urosario.edu.co/index.php/apl/article/viewFile/4389/3166

Roda C. (s. f.). Nuevas terapias psicológicas: la tercera generación. Recuperado de: http://www.psicologia-online.com/psicologia_clinica/nuevas_terapias_psicologicas/

Ruíz F. J. (2010). Evidencia empírica de la terapia de aceptación y compromiso. Infocop: Consejo general de psicología. Recuperado de: http://www.infocoponline.es/view_article.asp?id=2976

Ruiz F. A., Díaz G. M. y Villalobos C. A. (2013). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Bilbao: Desclée De Brouwer.

Wilson, K. G. y Luciano, M. C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso (ACT). Un tratamiento orientado a los valore. Madrid: Pirámide


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